Decepciones... (I)
Las decepciones tienen su lado positivo: liberan de ilusiones malformadas. Si, por ejemplo, una película te decepciona, genera un cambio de actitud básico (por lo profundo) que impedirá cualquier esperanza futura con respecto a su director. Pudiera ser, cómo no, que en el futuro, por casualidad, uno se encontrase con otra obra suya que ayude a recuperar la fe perdida... o algo así. Desde luego, nunca será lo mismo: se rompió la magia inicial y siempre quedará el recelo, la sospecha -o el miedo, mejor- de que puede volvernos a fallar.
Con las personas es peor. Claro.
Y mira que es difícil que a mí alguien me decepcione. Básicamente, porque son pocas las ilusiones que pongo en casi nadie. No por nada. Sencillamente, porque no creo oportuno hacer a alguien depositario de sentimientos que sólo a mí me pertenecen.
Aunque hay ocasiones en las que esto ocurre...
Un amigo, entiendo, te protege. Se preocupa por aquello que puede hacerte daño, y lo evita, pone medios para que no te alcance. Aunque sean los más mínimos. Si no lo hace... caramba, ¿qué le habría costado?
Durante cuatro meses justos un amigo me ha tenido expuesto a un peligro importante. ¿Acaso no era consciente de ello? Vaya, entonces he sobrevalorado a esa persona durante 17 años. O, dicho de otro modo, resulta que es estúpida de remate. No sé qué es peor.
Afortunadamente, la propia estupidez reinante lleva a que haya podido eliminar esa amenaza. Pero el daño, la decepción, ya ha llegado.
Querida, qué tonto fui...
Cuando escucho por la radio "Farolito de papel"
al pensar en ella siento una amarga decepción
viendo que bien la pintaba el mago Carlos Gardel
cuando dice que ella era todo un mundo de ilusión.
De 'El Chaparrón', por Hebert Fayet
Hebert Fayet dijo
Estimados amigos.
Al encontrar esta página web ví con sorpresa y satisfacción que ustedes mencionaban unos de mis versos.
Gracias por ello
Hebert Fayet.
9 Noviembre 2005 | 08:24 AM