La Coctelera

Tangadas

Tangos, textos breves y otras cosas que harán que me sonroje

24 Noviembre 2005

La mañana: 4/5/05

Aquella mañana, al despertar, sintió caricias de aire helado sobre su espalda. Otra vez la ropa. Otra vez ella. Brrrr. Abrió los ojos, entre perezoso y mosqueado. Ella le daba la espalda, desnuda. Podía ver su nuca semioculta entre su cabello cobrizo. Más abajo, su cuello abría paso a una columna discreta que marcaba el descenso a los infiernos... Ella dormía. Suspiraba, a cada rato, en un ronroneo sordo demasiado parecido al de una gata satisfecha. Su botín: el edredón de plumas, arrugado contra su vientre, apelmazado sin excusas en torno a su cuerpo.

Despacio, se apretó contra su cuerpo, rescatando parte del tesoro. Como pudo, cubrió su propia espalda, alejando corrientes y otros males. A ella la abrazó, cubriendo de besos sus hombros pecosos.

Cerró los ojos; era domingo.

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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Hernán

Hernán dijo

Que buena imagen!!!!! Maravilloso final.

Saludos
Hernán

31 Marzo 2006 | 08:59 PM

bocadepez

bocadepez dijo

Qué ganas de que llegue el tiempo de edredones!!!

5 Septiembre 2008 | 10:33 AM

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¿Qué decir? Este espacio será mi desahogo. Ya, ya sé que eso no es lo que se espera de un blog, pero es lo que hay. En cuanto a mí, ¿qué necesitas saber? Que me gusta la vida, a pesar de lo perra que resulta.

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