La mañana: 4/5/05
Aquella mañana, al despertar, sintió caricias de aire helado sobre su espalda. Otra vez la ropa. Otra vez ella. Brrrr. Abrió los ojos, entre perezoso y mosqueado. Ella le daba la espalda, desnuda. Podía ver su nuca semioculta entre su cabello cobrizo. Más abajo, su cuello abría paso a una columna discreta que marcaba el descenso a los infiernos... Ella dormía. Suspiraba, a cada rato, en un ronroneo sordo demasiado parecido al de una gata satisfecha. Su botín: el edredón de plumas, arrugado contra su vientre, apelmazado sin excusas en torno a su cuerpo.
Despacio, se apretó contra su cuerpo, rescatando parte del tesoro. Como pudo, cubrió su propia espalda, alejando corrientes y otros males. A ella la abrazó, cubriendo de besos sus hombros pecosos.
Cerró los ojos; era domingo.

Hernán dijo
Que buena imagen!!!!! Maravilloso final.
Saludos
Hernán
31 Marzo 2006 | 08:59 PM