Desapariciones
Hay gente acostumbrada a desaparecer. A marcharse sin hacer ruido, en el momento en que menos se lo espera uno. A no dejar noticia de su ausencia, a señalar con un vacío el hecho incómodo de que un día ocuparon un lugar. ¿Un lugar en dónde? Quién sabe.
Las ausencias son las cicatrices más comunes. Uno llora siempre por lo que tuvo y ya no tendrá. Pocas veces, por ignorancia, llora por lo que nunca llegará a disfrutar. Pero, ay, las pérdidas. Una falta abre el alma como la noche separa dos días. De cuajo.
Con el tiempo, si hay suerte, uno aprende que llegará el día en que toque faltarse a sí mismo. Es ahí donde comienza la despedida más triste y resignada. Olvidarse de uno, disolverse en el silencio...
A mis fantasmas, a los que se fueron sin avisar pero todavía se dejan oír en noches tormentosas: partid, desapareced en vuestro cielo que seguro merecéis. No dejéis restos ni recuerdos, no volváis a apareceros. La vida, tras vosotros, sigue. Más viva que nunca, más fuerte y plena. Con menos lastres. Más sencilla.
Y, pese a todo, se os recordará.


fantasmita dijo
buhhhhh
11 Septiembre 2008 | 11:19 PM