Silencios...
Este es un silencio mitad elegido, mitad obligado. Un silencio amordazado, si se quiere, aunque la mordaza la haya puesto yo mismo.
Lo curioso es que es un silencio impuesto por el ruido ambiental. Ese ruido que, aunque no acalla mis demonios, reduce su salmodia a un murmullo molesto y quedo, como el de una corriente subterránea que se sufre más por la humedad que por los decibelios que genera.
Por lo demás, poco que contar...
