Exhibicionismo
Mmmm esto estaba guardado por ahí:
Si retornases de tu larga ausencia, te regalaría un masaje. Por ser el primero en mucho tiempo, sería prudente. Apagaría la luz, por tu recato. Apenas una velita para distinguir tu silueta junto a mí... casi sin verte. Tímido, te desabrocharía la camisa desde atrás, sin mirar, sin rozar apenas los botones. No sé, quizás echases la cabeza hacia atrás... un suspirito (boh, qué cursilada). No sé por que, en esta ocasión has aparecido en mi imaginario con falda, falda de tubo. Quizás porque también se quitan fácil, sobre todo cuando resbalan sobre las medias.
Así que ahí estás, frente a mí, dándome la espalda, en una penumbra oscura con sombras vacilantes. Distingo tu ropa interior, es blanca. Paso mis dedos sobre la cinta trasera de tu sostén... despacio... está ceñido... :-) me gusta... no he perdido práctica, basta un gesto y, chas, el cierre salta. Pongo mis manos sobre tu espalda y separo las cintas hacia los lados. Mmmmm me contengo. Esto es un masaje, nada más. Siento tus pechos ahí mismo, pero... tan cerca... erizados... retiro el sostén desde mi posición.
Nada, esto es un masaje. Te pongo las manos sobre los hombros y te dirijo a la cama, preparada para que te tumbes sobre las sábanas lisas y oscuras... así destacas más. Tu figura, tu cintura y tus piernas envueltas en pantys. Tu torso desnudo y tus brazos... el contorno de unos pechos... si es que me vuelven loco. No sé por qué, pero sonríes. ¿Lo estás haciendo ahora, mientras lees estas líneas? Creo que sí. No te sonrojes. No te he tocado apenas. Me siento junto a ti. Quizás no te lo he dicho, pero yo ya estaba desnudo cuando comencé a desvestirte.
Abro el aceite. Vierto unas gotas sobre mis manos y las froto, calentándolas. Después, derramo regueros sobre tu espalda. Son caminos secretos. Tendré que explorarlos. Me siento sobre ti, dispuesto a perderme en tu mapa precioso... y empiezo a acariciarte.
¿Los recuerdos de fantasías son menos recuerdos que los de hechos pasados?
Lo dudo. O quizá no lo dudo, lo tengo claro. Lo cierto es que, a veces, los motivos para fantasear son tan etéreos que se esfuman sin dejar rastro. Aunque dejen datos de contacto a los que, por respeto, no conviene hacer ni caso.

