La Coctelera

Tangadas

Tangos, textos breves y otras cosas que harán que me sonroje

26 Enero 2011

Letras embalsadas

Hay temporadas en las que las letras se embalsan dentro de uno, lentamente. Se almacenan allá en lo hondo, llegando en regateras desde los más dispersos puntos de una vida accidentada. Arrastran de todo y forman cieno y barro, se enredan y oscurecen, incluso, hasta pasar desapercibidas.

Si uno no abre compuertas, el pantano formado puede llegar a desbordarse...

Y así me siento. Uno poco lleno, al límite. Deseoso de contar cosas, de escribir historias, de seducir (o intentarlo) con el tejido suave de unas pocas, muchas, de esas palabras amontonadas y revueltas por ahí dentro... de mí.

Y, sin embargo, no puedo. No hay ratos tranquilos, días de sosiego. No se dan las circunstancias que merecen esas palabras para ponerlas en orden y sacarles brillo.

Pido perdón, por tanto, a J., por no contar lo maravillosa que es la vida ahora que está ella. Por no pararme a describir su risa y su pasión, la alegría de sus logros diarios.

Siento no poder contar nada del fuego azul. Será mi secreto mejor guardado, aún sin pretenderlo.

Lamento no rendir homenaje a cada momento a S., en esta época tan dura que vuelve inolvidable, casi sin quererlo. Aunque a veces la odie con toda mi alma.

Me agobia el ignorar a R., que entró una noche de tormenta en el bar de Sally preguntando por E., sin saber que no la buscaba a ella, sino a la venganza que podía propiciarle. Y ahí sigue, agarrado a su tercer whisky doble sin hielo, esperando que a mí se me ocurra lo que debe hacer a continuación.

Me enorgullezco de no escribir sobre Sk.; apenas permito que se cuele un par de veces al año en mis sueños. Jodidamente vívidos, por cierto. Control, control, control.

Y, claro, me reconcome no escribirle a M.. Escribirle en privado, con la serenidad loca de las letras en exclusiva. Acariciarla con el trazo de una i, una k, una a... o dos. Explicarle en dos, tres frases, que hay silencios que son respetuosos, a la par que prudentes. Porque las aguas bravas pueden arrasarlo todo con su ímpetu y su descontrol. Y que me encantan sus letras públicas. Y sus fotos, con carácter.

Y, con este ligero, apenas perceptible, desembalse, vuelvo a mi vida.

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¿Qué decir? Este espacio será mi desahogo. Ya, ya sé que eso no es lo que se espera de un blog, pero es lo que hay. En cuanto a mí, ¿qué necesitas saber? Que me gusta la vida, a pesar de lo perra que resulta.

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