Burlesque
Vicky Bolena era famosa por dos virtudes. Era capaz de hacer un lazo en un cordel introduciéndolo en su boca. Aquello nos dejó recuerdos ajetreados de tardes en el bar, alrededor de litros de cerveza numerosos, mientras la veíamos gesticular, moviendo aquella boquita de piñón al retorcer su lengua -suponíamos- en posiciones imposibles. Tras unos minutos de trabajo, separaba apenas sus labios para extraer grácilmente un cordel ensalivado y perfectamente anudado en sí mismo.
Frente a esta sugerente capacidad, destacaba su pudor y falta de coquetería. Siempre sin maquillaje, con ropas flojas y escotes siempre ausentes, ninguno osó nunca tantear el terreno. Su terreno. Quizás los únicos momentos en los que fue objeto de pensamientos lascivos fue mientras hacía nudos a los cordeles. Todos, seguro, deseamos ser cordel por unos minutos.
Como muchos, Vicky salió del barrio en la primera juventud, para estudiar una carrera decente y tener un futuro tradicional.

Por eso me sorprendió tanto encontrarla en un cartel de un espectáculo burlesque hace unos días. Sin duda, es ella. Ciertamente, nunca había visto tanto de Vicky, ni tan bien decorado. Pero es ella, desde luego.
Me pregunto qué cordeles anudará ahora...